Cuando una familia interna a un ser querido, lo más común es pensar que el trabajo le toca a él. Uno se queda al pendiente, pregunta cómo va, lleva lo que haga falta y espera reportes. Es una reacción natural, y casi siempre detrás hay un deseo real de ayudar.
En mi trabajo con adicciones y con familias he visto que la recuperación no ocurre solo dentro de la persona que consume. Soy psicólogo y maestro en terapia familiar y de parejas, y este artículo parte de la plática que di a familias de Tratamiento y Progreso. Aquí te explico qué es el enfoque sistémico, sin tecnicismos, y qué cambia cuando la familia también entra al proceso.
¿Qué es el enfoque sistémico en adicciones?
Es un modelo psicológico que no mira la adicción solo en la persona que consume. Busca abarcar todos los sistemas en los que ella vive: el trabajo, la sociedad, la cultura y, sobre todo, la familia.
Es también un enfoque que confronta, y prefiero decírtelo desde ahora. Además de preguntar qué le pasa a tu familiar, pregunta qué estás haciendo tú, y qué no, para favorecer su recuperación. Y también qué podrías estar haciendo sin querer que no la favorece. Me ha tocado verlo muchas veces: en las familias hay una intención auténtica de ayudar, pero desde el desconocimiento de qué hacer se puede caer en conductas que no ayudan. Darte cuenta de cuáles son es la parte incómoda. También te permite ver lo que sí puedes hacer bien.
¿La adicción es un problema solo de quien consume?
No, aunque hay algo que quiero dejar claro antes: la persona que consume siempre es responsable de su consumo, y tiene que tratarse. Mirar la adicción como un asunto de toda la familia no significa culpar a nadie.
Lo que significa es que la adicción se vive, y a veces se sostiene, dentro de una red de relaciones. En terapia se llama "paciente identificado" a la persona que presenta el síntoma visible, que en este caso es el consumo. Pero el consumo es el síntoma, no necesariamente toda la enfermedad.
Piensa en una gripa. El flujo nasal, el dolor de cabeza y el cuerpo cortado no son la gripa, son sus síntomas. Puedes tomar algo para calmarlos, pero si el virus no sale del cuerpo, la gripa sigue. Con la adicción pasa algo parecido: lograr que la persona ya no consuma es quitar el síntoma. La raíz puede estar en su dificultad para relacionarse con su familia, en no saber manejar sus emociones, en la falta de un sentido de vida, de objetivos o de sentirse productivo, o en una presión constante del sistema familiar. Por eso un proceso de recuperación tiene que trabajar todo eso, y no solo el consumo.
¿La adicción tiene una sola causa?
No. Solemos pensar que sí: un trauma, un abandono, no saber manejar las emociones. La adicción es una condición multifactorial, y en ella se mezclan factores sociales, físicos, emocionales y del contexto: dónde crecí, dónde vivo, con quién convivo.
Otra idea frecuente es que quien consume lo hace porque quiere. Rara vez es así. Algunas personas, por orgullo o por no admitirlo, dicen que les gusta drogarse, pero en el fondo saben que no es eso. El consumo permite fugarse de una realidad y no sentir un dolor que no se quiere sentir.
También hay factores familiares, como una pauta que se repite de generación en generación. No es necesariamente genética: es algo que se aprende y se vuelve conducta.
¿Qué tiene que ver un reloj con tu familia?
Una familia funciona como el mecanismo de un reloj. Está hecho de engranes, y da la hora solo si cada uno hace su trabajo. Cuando uno falla, el sistema completo no cumple su función.
Lo primero que pensamos es que el engrane descompuesto es la persona con la adicción. Puede ser, es una posibilidad. Pero a veces la falla está en otra parte del reloj: en la crianza, en la forma en que nos comunicamos, en cómo nos relacionamos como familia en general, no con esa persona en particular. La adicción muchas veces es el resultado de algo que no está bien en el sistema, o de la incapacidad de la persona para relacionarse de manera sana con él.
Esto no es responsabilizar a otros del consumo. Es ver el reloj completo, y no solo la pieza que se nota.
¿Cómo afecta a la familia lo que hace cada uno?
A esto se le llama circularidad: lo que cada quien hace o deja de hacer influye en el resto de los miembros del sistema. Un ejemplo fuera de la familia: sales de tu casa a las seis de la mañana para llegar a tiempo al trabajo. Alguien en otra parte de la ciudad, a quien no conoces y probablemente nunca vas a ver, salió diez minutos antes y chocó justo en tu ruta. Te quedas atorado en el tráfico, te enojas, llegas tarde, te regañan y tienes un día pésimo. Esa persona hizo algo que te afectó directamente sin saber que existías.
En la familia pasa igual, con más intensidad. Quien consume a veces piensa que si es su problema, a nadie le tiene que importar. Sabemos que no es real: su consumo genera dolor en los demás. Pero también funciona al revés. Lo que tú haces o dejas de hacer no solo te afecta a ti, puede estar generando dolor en otros miembros de la familia y tener un efecto en el proceso de recuperación de tu familiar.
¿Puede la adicción ser lo que mantiene unida a una familia?
A veces, sí. Homeostasis es una palabra de la biología: los organismos vivos se regulan solos para mantener el equilibrio y seguir existiendo. Las familias también lo hacen. Lo sano que las mantiene unidas es la comunicación, la convivencia, las tradiciones, los festejos y el tiempo juntos.
Pero también se recurre a factores menos sanos, y muchas veces ese factor es la persona que consume. Se vuelve el motivo para tener algo en común: para ayudarle o para culparlo. En clínicas he preguntado a pacientes si antes habían visto a toda su familia reunida como en esa sesión, y con frecuencia la respuesta ha sido que nunca. Incluso quien consume puede llegar a creer, dentro de su distorsión de pensamiento, que si deja de drogarse la familia dejará de estar unida.
Eso habla de algo que vale la pena reconocer: hay un deseo de ver a la familia junta. Parte del trabajo es sanear la dinámica para que nadie necesite a un miembro con adicción para compartir espacio, tiempo y atención.
¿Por qué un hijo consume y sus hermanos no?
Puedes tener tres hijos que crecieron bajo el mismo techo, y que solo uno consuma. Es común preguntarse por qué los otros dos salieron bien. En el enfoque sistémico esto se llama multifinalidad: un mismo punto de partida puede llevar a fines distintos. Aunque crezcan en la misma casa, cada hijo vive algo diferente: algo que se dijo, algo que se hizo, algo que pasó en la escuela y cambió su forma de ver las cosas.
Lo contrario se llama equifinalidad: puntos de partida distintos pueden llevar al mismo fin. Por eso en una clínica no todos los procesos empiezan igual. Hay que identificar qué necesita trabajar primero cada paciente: temas familiares, emocionales, de objetivos o de sentido de vida. Ese punto de partida puede llevarlo a la recuperación igual que a otro paciente que empezó por otro lado.
¿De dónde puede venir una adicción?
Identificar el origen sirve como punto de partida del tratamiento. Desde este enfoque se habla de cuatro orígenes:
- Por trauma. La persona vivió un evento profundamente doloroso y consume para no sentir ese dolor. Es una especie de autoterapia: se receta alcohol o droga para no sentir. Aquí se trabaja el trauma, para poder trascenderlo.
- Por neurosis actual, o ansiedad actual. Son personas que no saben manejar una emoción: el enojo, la ansiedad, la frustración, y también la alegría o la excitación. Prefieren no sentirla y consumen. Aquí se enseña inteligencia emocional, para que la persona maneje la emoción y no al revés.
- Transicional. Tiene que ver con la etapa de vida. La veo sobre todo en dos: la adolescencia, cuando son demasiadas cosas a la vez y el consumo puede parecer una solución, y la jubilación, cuando el adulto mayor pierde el sentido de vida que le dio el trabajo durante 20, 30 o 40 años. Ahí pueden aparecer el alcohol, las drogas o también el juego, el casino.
- Sociopática. Tiene que ver con el contexto en el que se crece. Si en la colonia, la calle o la ciudad el consumo es algo normal, la persona lo normaliza y lo vuelve parte de su vida. Se trabaja reestructurando esa forma de pensar, para que deje de ver el consumo como algo común.
¿Si mi familiar ya se ve mejor, ya puede regresar a casa?
Es de lo que más veo. La familia nota una mejoría, y es natural querer que la persona regrese. Aquí pido respeto por el proceso de la institución: que se vea mejoría no implica que todo esté resuelto. Muchas veces se ha trabajado solo alguno de los factores, y por eso se ve el cambio, pero la clínica tiene que explorar los demás.
Un buen proceso de recuperación implica que la persona trabaje y analice todos y cada uno de los factores que después podrían convertirse en un riesgo. Cuando eso no se hace, está muy propensa a una recaída.
¿Qué le toca hacer a la familia mientras su familiar está en tratamiento?
Mucho, y no es solo estar al pendiente de cómo va o llevar lo que haga falta. Involucrarte en el proceso es mirar la dinámica: cómo se comunican, cuánto tiempo pasan juntos, cuánto se le cuida, cuánto se le descuida y cuánto se le resuelve.
Y también trabajarte tú. Todos tenemos algo que trabajar, y en casa muchas veces lo ignoramos porque hay alguien más a quien observar. El internamiento de tu familiar es el momento de voltear a verte a ti: a tu relación de pareja, a tu relación con tus otros hijos, a problemas que quizá traes arrastrando desde hace tiempo. Puedes hacerlo con el psicólogo de tu familiar, con un terapeuta propio, o con un grupo de familiares como Al-Anon, que trabaja el programa de 12 pasos igual que Alcohólicos Anónimos, pero dirigido a las familias de personas con alcoholismo o adicción. Que tú hagas tu parte tiene un impacto directo en el proceso de tu familiar.
Cuando se interna a un familiar, la familia no puede seguir siendo la misma. He visto procesos perfectos dentro de una clínica, y si la persona regresa a un sistema donde nada cambió, eso muy probablemente influye en una posible recaída. Si quieres profundizar en esto, aquí hablamos de por qué el trabajo con la familia es clave en la recuperación y de cómo armar un plan real para prevenir recaídas.
¿Qué hago en la primera visita después de varias semanas sin verlo?
Es una pregunta que me hacen con frecuencia. Estas son mis recomendaciones generales:
- Toma como referencia al equipo que está con tu familiar. El psicólogo, el terapeuta o el consultor ven su proceso de cerca y pueden darte más claridad que yo.
- No le refuerces el "ya estás mejor". Después de un tiempo es común que la persona sienta que ya está bien, y si se compara con cómo llegó, muchas veces es cierto. Refuerza otra idea: qué bueno que estás mejor, ahora qué más puedes trabajar con tu psicólogo o tu consultor.
- Recuerda que la visita es terapéutica. No se limita a platicar de la comida, del juego o de cómo están las cosas afuera, ni a traerle al proceso los problemas de la casa. Pregúntale qué está trabajando y cómo está manejando sus emociones. Cuéntale también que tú y la familia se están trabajando, para que no sienta que es el único que hace algo.
- Pon un límite si aparece la manipulación. Si te pide que se lo lleven ya, que ya está bien o que ahí no está trabajando nada, es el momento de frenarlo. No se trata de convertir la visita en un conflicto: si no puedes, apóyate en alguien de la institución. Es algo que veo mucho, porque es común que la persona intente dejar el proceso a medias.
Tratamiento con trabajo familiar en Tijuana
En Tratamiento y Progreso, el trabajo con la familia es parte del programa desde el inicio, y no un extra al final. Puedes conocer cómo acompañamos a las familias, cómo es la terapia familiar dentro del programa, o revisar el programa de tratamiento completo.
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